Entretenimiento | 5 min
"Me encanta untarme la tostada." Si esta frase te hace sonreír, estás en el lugar correcto. OSS 117 no es solo una película, es un monumento de la cultura francesa. Entre arrogancia colonial, encanto devastador y estupidez supina, Hubert Bonisseur de La Bath es el antihéroe que adoramos odiar. Pero, ¿eres realmente como él? ¿O eres la voz de la razón como Larmina?
OSS 117: ¿Por qué Francia ama tanto a su espía idiota? Una parodia más real que la vida misma Jean Dujardin no solo encarna a un agente secreto, encarna una cierta idea de la masculinidad triunfante y frágil, esa que cree que todo le es debido. Su actuación, hecha de cejas levantadas y risas forzadas, se ha convertido en una referencia absoluta en materia de comedia. OSS 117 seguirá siendo un icono de la comedia francesa porque nos permite reírnos de nuestro pasado, de nuestros defectos y de la elegancia anticuada de un mundo que ya no existe (y menos mal). Es la nostalgia sin los remordimientos. Cuando Michel Hazanavicius decide adaptar las novelas de quiosco serias de Jean Bruce en 2006, hace una apuesta arriesgada: transformar a un héroe literal en una caricatura hilarante. El resultado, El Cairo, nido de espías , es una obra maestra de humor y reconstrucción de época. ¿Lo sabías? Espejo de nuestros defectos nacionales Sus réplicas míticas ("Es nuestro Raïs particular", "Me encanta untarme la tostada", "¿Los chinos en París?") son graciosas porque subrayan lo absurdo de los prejuicios. La genialidad de la película es hacer que el personaje resulte entrañable a pesar de sus defectos horribles. Se salva por su ingenuidad casi infantil. No piensa en hacer daño, simplemente no piensa. El arte de la réplica mítica Psicología de los personajes Lo que hace de OSS 117 una película de culto es la precisión maniática de la forma. Los decorados, la luz, el grano de la imagen, la dicción de los actores... todo respira el cine de los años 50. Es en ese marco perfecto donde la imperfección de Hubert Bonisseur de La Bath estalla. El contraste entre su elegancia visual (esmoquin, gomina, sonrisa) y su estupidez supina crea un desfase cómico irresistible. Jean Dujardin trabajó su postura inspirándose en Sean Connery, pero también en los gallos de corral para darle a Hubert ese andar orgulloso y proyectado hacia delante, con el pecho hinchado. Si nos reímos tanto con OSS 117, t...
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